Autismo y TDAH en mujeres adultas: señales y comprensión desde un enfoque neuroafirmativo

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Dic 02,2025
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La invisibilidad de las mujeres neurodivergentes

La invisibilidad de las mujeres neurodivergentes no es un fenómeno aislado, sino el resultado de un sistema diagnóstico históricamente diseñado desde una perspectiva masculina y patologizante. Los criterios para autismo y TDAH se construyeron observando principalmente a niños cisgénero, lo que ha llevado a que muchas mujeres pasen desapercibidas, camufladas detrás de comportamientos socialmente aceptables que ocultan sus diferencias cognitivas y sensoriales.

El impacto de esta invisibilidad es significativo: detrás de cada diagnóstico tardío hay años de sobreesfuerzo, culpa y autoexigencia. Muchas mujeres internalizan etiquetas incorrectas —como ansiedad, depresión o trastorno de personalidad— que tratan los síntomas sin abordar la raíz: una configuración neurológica distinta, válida y digna de reconocimiento. Nombrar esta experiencia es, en sí mismo, un acto de justicia y reparación.

Sesgo de género y antecedentes históricos

Los primeros estudios sobre autismo, como los de Leo Kanner y Hans Asperger, tomaron como referencia principalmente a varones, estableciendo patrones que se convirtieron en la norma. De manera similar, el TDAH se describió inicialmente como un trastorno de hiperactividad en niños que no podían permanecer quietos en clase.

Estos modelos no contemplaron cómo se manifiesta la neurodivergencia en mujeres: desde temprana edad, muchas aprenden a adaptarse, complacer y cuidar, lo que disimula sus diferencias. Comportamientos como memorizar guiones sociales, observar las normas de interacción y regular emociones complejas son interpretados como timidez, despiste o intensidad. Esta falta de reconocimiento contribuye al retraso en los diagnósticos y a la atribución de síntomas a trastornos psicológicos secundarios.

Señales de autismo en mujeres adultas

El autismo en mujeres adultas se manifiesta en matices que a menudo difieren de los criterios clásicos. Algunos patrones frecuentes incluyen:

  • Empatía intensa y compleja: la dificultad no está en sentir emociones, sino en interpretarlas dentro de normas sociales convencionales.
  • Camuflaje social: estrategias inconscientes de imitación y adaptación para pasar desapercibidas, que pueden generar desconexión con la propia autenticidad.
  • Fatiga social y necesidad de rutinas: agotamiento tras interacciones prolongadas y preferencia por entornos predecibles.
  • Intereses específicos y estructurantes: hiperconexión con ciertos temas que proporcionan sentido y organización a la vida diaria.

Estas características reflejan diferencias en el procesamiento cognitivo y sensorial, no deficiencias. Lo “roto” no es la persona, sino los moldes normativos que han intentado definir cómo debería funcionar una mente autista.

El enmascaramiento: estrategias de supervivencia

El camuflaje social no es un comportamiento voluntario, sino una estrategia de supervivencia aprendida desde la infancia. Implica imitar gestos, regular el tono de voz y ensayar interacciones para evitar rechazo o estigmatización.

Aunque funcional en términos sociales, este esfuerzo sostenido tiene un alto costo emocional: ansiedad, agotamiento, disociación y sensación de pérdida de identidad. Comprender y abordar el enmascaramiento es clave en la intervención neuroafirmativa, ya que permite reconectar con la autenticidad y reducir la sobrecarga emocional.

Señales de TDAH en mujeres adultas

El TDAH en mujeres adultas suele manifestarse de forma distinta a los patrones masculinos clásicos. Entre sus características se incluyen:

  • Hiperactividad mental: una mente en constante movimiento, con saltos entre ideas, proyectos y estímulos.
  • Disfunción ejecutiva: dificultades para planificar, organizar y sostener tareas, que se interpretan erróneamente como desinterés o pereza.
  • Hiperfoco: concentración intensa en áreas de interés, que puede conducir a descuidar necesidades básicas como alimentación, sueño o descanso.
  • Autoexigencia y culpa: internalización de la percepción de fracaso al no cumplir estándares sociales o productivos rígidos.

El TDAH femenino, al igual que el autismo, se ve afectado por expectativas sociales y mandatos de productividad que no consideran la diversidad cognitiva y emocional.

Intersección autismo + TDAH

Cada vez se reconoce con mayor claridad la coexistencia de autismo y TDAH en una misma persona. Esta intersección no debe conceptualizarse como comorbilidad, sino como un patrón de funcionamiento que combina rasgos complementarios:

  • La mente autista busca orden, previsibilidad y sentido.
  • La mente con TDAH busca novedad, estímulo y movimiento.

Cuando conviven, estas características pueden generar conflicto interno, pero también oportunidades de equilibrio si se comprenden sus ritmos y se desarrollan estrategias adaptativas. Esta perspectiva permite dejar de ver a la persona como un conjunto de “trastornos” y empezar a entenderla como un sistema neurológico único, válido y digno de respeto.

Diagnóstico tardío: significado y posibilidades

Recibir un diagnóstico en la adultez puede generar emociones complejas: alivio, frustración o rabia. Sin embargo, no se trata de una moda ni de una etiqueta para justificar comportamientos pasados, sino de una herramienta de reparación y comprensión.

El diagnóstico tardío permite reinterpretar experiencias, resignificar estrategias de supervivencia y construir un marco neuroafirmativo que valide la identidad y los patrones de funcionamiento, independientemente de si se obtiene un diagnóstico formal.

Vivir desde la autenticidad neurodivergente

Comprender la neurodivergencia implica permitir la existencia plena sin necesidad de camuflaje, priorizando el descanso, adaptando entornos y cuestionando las normas de “normalidad” impuestas. Ser mujer neurodivergente en una sociedad patriarcal y capacitista supone desafíos, pero también ofrece oportunidades para construir formas de relación, trabajo, aprendizaje y afecto más auténticas y sostenibles.

Este enfoque no romantiza las dificultades ni ignora los desafíos reales; propone dejar de vivir desde la culpa y empezar a hacerlo desde la comprensión y el reconocimiento de la propia configuración neurológica.

El autismo y el TDAH en mujeres adultas no son versiones “suaves” de los diagnósticos masculinos, sino expresiones diferentes, modeladas por la cultura, el género y las expectativas sociales. Comprender estas manifestaciones desde un enfoque pedagógico, neuroafirmativo y científico es un acto terapéutico, político y profundamente transformador.

Cada reconocimiento de estas experiencias permite a las mujeres neurodivergentes dejar de verse como un error y empezar a reconocerse como sistemas neurológicos distintos, con su propia lógica, fortaleza y valor.

Si este texto resuena contigo, existe la posibilidad de participar en una Sesión de Orientación Neuroafirmativa, un espacio seguro para explorar la historia personal, los patrones de funcionamiento y construir un marco que tenga sentido para cada persona. No se trata de encajar, sino de entender y validar la propia manera de ser.

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