Cómo entender la neurodivergencia sin patologizarse

Dic 02,2025
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Durante décadas, muchas personas neurodivergentes perciben sus formas de sentir, pensar y percibir el mundo como defectos. La intensidad de las experiencias, la sensibilidad frente a ciertos estímulos o la manera particular de organizar la atención y las emociones son frecuentemente interpretadas como “fallos” o desviaciones de la norma.

Sin embargo, investigaciones en neurodiversidad y salud mental neurodivergente muestran que estas diferencias son variaciones naturales en el procesamiento cognitivo y sensorial. Comprender la propia neurodivergencia no implica patologizarse, sino reconocer patrones, necesidades y formas de funcionar que pueden integrarse de manera saludable en la vida cotidiana.

De dónde proviene la patologización

Durante gran parte del siglo XX, la psicología y la psiquiatría se desarrollaron bajo un modelo médico hegemónico, que interpreta las diferencias humanas como desviaciones respecto a un estándar normativo. Este enfoque clasifica, etiqueta y decide qué formas de pensar, sentir o comportarse son “funcionales” y cuáles “anómalas”.

El problema no radica en el diagnóstico en sí, que puede ser una herramienta útil de autoconocimiento y acceso a apoyos, sino en el contexto histórico que lo acompaña: culpa, vergüenza y la percepción de que lo diferente es inferior o disfuncional. Conceptos como “trastornos del desarrollo”, “déficit de atención” o “alteraciones sociales” han invisibilizado la riqueza de las variaciones cognitivas, sensoriales y emocionales.

El lenguaje que se emplea configura la forma en que las personas se perciben a sí mismas. Etiquetas negativas internalizadas durante la infancia o la adolescencia pueden generar patrones de camuflaje y autoexigencia que afectan la salud mental. Reconocer que lo “normal” es un constructo estandarizado es el primer paso hacia un enfoque neuroafirmativo.

Autismo en mujeres adultas y TDAH femenino: el silenciamiento invisible

Las mujeres y personas AFAB (asignadas femenino al nacer) suelen recibir diagnósticos tardíos o incluso nunca recibirlos, debido a que los criterios diagnósticos se han desarrollado principalmente observando a varones cisgénero. Esto ha generado un sesgo de género que invisibiliza características autistas o de TDAH femenino, que frecuentemente se manifiestan de manera distinta a los patrones masculinos.

Los rasgos típicamente asociados —como alta sensibilidad emocional, desorganización, introspección intensa o hiperfoco en intereses específicos— pueden ser interpretados socialmente como “pereza”, “desorganización” o “excesiva emotividad”. Esta falta de reconocimiento contribuye al desarrollo de estrategias de camuflaje social, que permiten una apariencia de funcionalidad, pero con un coste elevado en salud mental, aumentando el riesgo de burnout neurodivergente.

Comprender la neurodivergencia sin patologizar

Entender la neurodivergencia implica observar con curiosidad y sin juicio cómo funciona el propio cerebro y sistema nervioso, identificando:

  • Cómo se percibe el mundo a través de los sentidos y con qué intensidad.
  • Cómo se regula la atención y si las dificultades son realmente déficits o diferencias funcionales, como la capacidad de hiperfoco.
  • Cómo se viven y gestionan las emociones.
  • Qué ritmos y entornos resultan sostenibles y cuáles generan saturación o estrés.

Esta mirada no niega las dificultades reales: sobrecarga sensorial, ansiedad, agotamiento o retos en la planificación y regulación emocional existen, pero pueden interpretarse como indicadores de un entorno que no está adaptado a la manera de funcionar de la persona, más que como signos de patología individual.

La mirada neuroafirmativa: principios esenciales

El enfoque neuroafirmativo ofrece un marco para comprender la neurodivergencia desde la dignidad y la validación, sin intentar normalizar ni corregir a la persona. Entre sus principios clave se incluyen:

    1. El lenguaje importa: Cambiar “tengo un trastorno” por “soy una persona neurodivergente” transforma la relación con uno mismo y valida la identidad. El lenguaje es un acto de reconocimiento y afirmación.
    2. La autorregulación no es productividad: Regular la atención, las emociones y la estimulación sensorial no es un medio para rendir más, sino un derecho a vivir mejor. Identificar qué desborda, calma o sostiene requiere estrategias personalizadas, adaptadas a la configuración neurológica individual.
    3. El entorno también necesita ajustes :Las escuelas, los lugares de trabajo y los entornos sociales suelen estar diseñados desde la norma neurotípica. Ajustar contextos —flexibilizar horarios, reducir estímulos, validar pausas o comunicar necesidades sin culpa— es tan importante como desarrollar habilidades individuales.
    4. Autocompasión como herramienta política y psicológica: Practicar la autocompasión no es indulgencia, sino un acto de resistencia frente a expectativas capacitistas. Permitir descansos, emociones intensas y límites claros es fundamental para la salud mental y la dignidad personal.

Estrategias prácticas de acompañamiento neuroafirmativo

Algunas herramientas útiles desde un enfoque pedagógico y neuroafirmativo incluyen:

  • Observación consciente: registrar de forma sistemática qué situaciones activan, calman o drenan energía, para generar un conocimiento profundo de los patrones personales.
  • Redefinición de ritmos: ajustar la organización de actividades y descansos según la propia capacidad de atención y energía, evitando interpretaciones negativas como “pereza” o “falta de motivación”.
  • Cuestionamiento de etiquetas internas: identificar voces críticas internas y explorar su origen, diferenciando las demandas sociales de las necesidades individuales.
  • Creación de entornos seguros: favorecer espacios y relaciones que permitan expresarse sin necesidad de camuflar comportamientos o emociones.
  • Resignificación de la historia personal: reinterpretar la trayectoria de vida desde una perspectiva neuroafirmativa, reconociendo estrategias de supervivencia previas y estableciendo nuevas formas de coherencia con la neurodivergencia propia.

Comprender la neurodivergencia: un proceso continuo

La comprensión de la neurodivergencia es un proceso progresivo, que combina observación, aceptación y adaptación. Implica duelo por la incomprensión pasada, descubrimiento de necesidades reales y construcción de estrategias de vida coherentes. Este proceso permite:

  • Reducir la sobrecarga sensorial y emocional.
  • Mejorar la salud mental y la autocompasión.
  • Diseñar entornos adaptativos que respeten la neurodiversidad.
  • Fomentar la autonomía y el empoderamiento personal.

Una nueva perspectiva sobre la salud mental

La salud mental neuroafirmativa se centra en habitar el propio cuerpo y mente de manera coherente, sin forzar la conformidad con normas externas. Reconocer patrones, ritmos y necesidades individuales transforma la salud mental de un campo de batalla a un espacio de cuidado y desarrollo personal.

Comprender la neurodivergencia desde este enfoque no solo tiene implicaciones psicológicas, sino también éticas y sociales: es un acto de justicia, reparación y validación de la identidad.

Volver a uno mismo sin culpa

Entender la neurodivergencia desde una perspectiva neuroafirmativa permite reconocer la validez de los propios modos de sentir, pensar y existir. No se trata de romantizar la diferencia, sino de construir una vida coherente con la forma de funcionar de cada persona, respetando la dignidad, la autonomía y el bienestar emocional.

El acompañamiento profesional neuroafirmativo facilita este proceso, proporcionando herramientas pedagógicas, estrategias de regulación y apoyo emocional para que cada persona pueda habitar su neurodivergencia de manera plena, segura y empoderada.

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